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Pensamientos: Recuerdos de Atoyac de Álvarez,  A Tixtla de Guerrero Dejo el Corazón

Pensamientos: Recuerdos de Atoyac de Álvarez, A Tixtla de Guerrero Dejo el Corazón

Recuerdos de Atoyac de Álvarez

Tú, adorado y majestuoso Atoyac de Álvarez;
Guardas historia de mi única princesa amante,
A quien le entregue este corazón tan errante;
Como nunca en la vida lo había hecho antes.

Mi Atoyac, al conocerte tú me maravillaste;
Me llevaste de la mano a tu paraíso terrenal,
Mi paladar se deleitó con dulce sabor a café;
Cautivo quedé a la sensualidad de tu mujer.

Aún recuerdo aquella noche cuando a ti llegue;
Recuerdo que se celebraban fiestas de clausura,
Atoyac, un lugar para dormir ya no lo encontré;
Por lo que fui invitado a los aposentos del Rey.

Su hija era la princesa y de ella me enamoré;
Me permitieron dormir junto a ella en el altar,
Pero por educación, a sus pies sus sueños velé;
Y nos bastaron las manos para hacernos el amor.

Al día siguiente los reyes salieron a predicar;
He hicimos del palacio nuestro nido terrenal,
No dejamos un solo rincón a la imaginación;
Y los días venideros nos amamos con pasión.

Oh mi maravilloso amigo Atoyac de Álvarez;
Mi ser en las aguas de tu cristalino rio yo deje,
En ti encontré el paradisiaco amor de la mujer;
Un amor indescriptible que nunca yo olvidaré.

En el Zócalo de tu ciudad bailamos nuestro vals;
El kiosco del parque fue testigo de bellas frases,
La iglesia blanquiazul oyó mi promesa de amor;
El obelisco a Lucio Cabañas nos dio la bendición.

Pero llego el final del dulce sueño aroma a café;
Pues en la terminal del amor el corazón yo deje,
Lo deje en las manos de la princesa que yo ame;
Atoyac de Álvarez ¿A ti jamás habré de volver?

Te dejaré mis recuerdos enterrados en la pintada;
Te dejo las amargas huellas de mis tristes pisadas,
Huellas tatuadas con las lágrimas que yo derrame;
Al saber que a mi princesa amante jamás volveré.

Oh mi Atoyac de Álvarez, tú sabes cuánto la ame;
Que mi amor nunca fue malicioso ni mero placer,
Yo le abrí mi corazón y en sus manos se lo dejé;
Solo mi destino sabe si algún día a ti yo volveré.

A Tixtla de Guerrero Dejo el Corazón

Oh mi bella y majestuosa Tixtla de Guerrero;

Cuna del bravo insurgente que patria nos dio,

De maestros, compositores y poetas de Dios;

En tu laguna de espejo se quedó mi corazón.

En la terminal de Chilpancingo ya te ansiaba;

Para tomarte las manos y disfrutar tu ciudad,

Probé tu fiambre y tu más exquisito mezcal;

Me enamore de tu gente, tu cultura y ciudad.

Recorrí Allende, Copil y Margarito Damián;

También la Guerrero, Pinzón e Insurgentes,

Prolongación, La Alberca y Carmen Alcaraz;

La Pala y Zacatzonapa no faltan en mi andar.

San Antonio, Santa Cecilia y Cantarranas;

También por Santuario mis pasos yo dejé,

Pero lo que más me hechizo de mi Tixtla;

Fue el amor de su magnífica y fina mujer.

Qué precioso espectro con silueta de diosa;

Rostro de ángel, por nombre Cihuatatayota,

A sus “ojitos de agua” quedé tan encantado;

Poema como ella nunca lo había interpretado.

Quince soles y lunas a ella quede esclavizado;

No quería perder el tiempo solo estar a su lado,

En el Lancaster los suspiros le había arrancado;

La Cihuatatayota ya de mí, se había enamorado.

Caminé con ella en el corazón por las calles;

Esas calles que solo son dignas para princesas,

Mi Cihuatatayota y yo del amor fuimos presas;

En su grito de pasión me dijo –“Amor no cayes”–.

Como niños tan solo salíamos a comer y a cenar;

Y en el parque de mi Tixtla un vals para matizar,

Disfrutar de una taza de café para el día terminar,

Y en la intimidad al amor volvíamos a interpretar.

Cómo no hechizarse de una mujer tan inigualable;

Con ojitos de agua, morena clara y con piel de jade,

Y su hechicero lunar al pie, junto a delicada boca;

Este amor que siento por ella jamás nadie lo revoca.

Pero la Cihuatatayota, esa su naturaleza no olvido;

Con engaños hacia el espejo de los dioses me llevo,

Mi amada Cihuatatayota el corazón me arranco;

En las cristalinas aguas de la laguna, allí lo ahogo.

El Saurín y el Diablo acudieron a mi amargo llanto;

Y el Viejo Ranero intento consolarme con su canto,

Pero nada ni nadie pudo consolar mi triste desencanto;

A ti mi Tixtla de Guerrero te dedico este bello canto.

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