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Médula:  Con violencia no hay diálogo

Médula: Con violencia no hay diálogo

Por Jesús Lépez Ochoa

Hay
una confusión cuando se le exige a Rogelio Ortega que en unos cuantos
meses resuelva todos los problemas del estado, en especial, los que
motivaron que su antecesor, Ángel Aguirre Rivero, se viera forzado a
pedir licencia. Su figura es la de un gobernador de transición cuya
razón de ser es que el gobierno siga operando en tanto se elige a un
nuevo gobernante.

El
gobernador interino se encuentra en el reacomodo de las piezas que
requiere sustituir para efectuar lo necesario para la entrega del
gobierno a la próxima administración. Esa es su tarea. Lo demás que
logre será ganancia.

Su
interinato, a diferencia de un gobernador electo, inicia en medio de un
descontento social con aires de insurrección no sólo estatal, sino
nacional y hasta mundial.

La
construcción del diálogo no necesariamente empieza con el acercamiento
frontal a los protagonistas del movimiento que integran los normalistas
de Ayotzinapa, la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación y
otras organizaciones sociales cuya exigencia de que aparezcan con vida
los 43 estudiantes desaparecidos por las narcopolicías de Iguala y
Cocula en abierta colaboración con un cártel criminal es totalmente
legitima.

Reprimir
sus manifestaciones empeoraría cualquier posibilidad de diálogo, mismo
que las organizaciones han dificultado al radicalizar posiciones, no
realmente hacia el actual gobernador, sino hacia el gobierno federal.

Exigir
la renuncia del interino en cuanto asumió el gobierno es una manera de
presionar al gobierno de Enrique Peña Nieto a que deje de simular y
armar shows y que realmente se aboque a decir al pueblo de México, pero
sobre todo a los padres de los muchachos desaparecidos dónde están sus
hijos.

Una
negociación desde posiciones es imposible. El movimiento social por la
aparición con vida de los 43 normalistas tiene una posición radical pero
además, justificada ante la ineptitud del procurador Jesús Murillo
Karam para darles resultados, lo cual deja en medio del conflicto al
resto de la sociedad que hay que decirlo, nos quejamos porque nos toman
las casetas pero jamás lo hacemos cuando los policías protegen a los
delincuentes o colaboran con ellos, como pasó en Iguala y en Cocula.

Tal
vez por eso Rogelio Ortega ha optado por reunirse con las fuerzas
políticas del estado, empezando por los alcaldes del PRI y el Verde.
Seguramente pronto lo hará con los de izquierda para buscar por todos
los canales que pueda activarse el diálogo con los manifestantes.

La
forma de hacerlo no es a garrotazos como muchos quisieran, pero con
violencia, no hay diálogo y el gobernador Ortega lo sabe y aplica su
propia manera de hacer las cosas. Hay que dejarlo tejer.

jesuslepez@hotmail.com

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