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Hombres tigre pelean en Zitlala, Chilapa, para pedir buen temporal a sus dioses

Hombres tigre pelean en Zitlala, Chilapa, para pedir buen temporal a sus dioses

Desde los tiempos remotos el hombre ha intentado controlar el clima, pero como no lo ha logrado se creó dioses para que fueran más clemente con ellos. En Zitlala, desde antes de la Colonia, han ofrecido su sangre, sus golpes, para agradar a sus dioses y así obtener un buen temporal de lluvias y, en consecuencia, una buena cosecha de maíz.

Son las 2 de la tarde y Félix Ruiz Tlatempa, un hombre de 50 años, se prepara para su última pelea como hombre tigre.

Félix ha peleado desde hace 30 años; sólo en tres ocasiones no lo hizo. Pero ahora, dice, es la última porque su cuerpo no resiste más.

Han sido 30 años en los que ha recibido cientos de golpes con esa reata dura con la que pelean los hombres tigre en Zitlala.

Pero, dice con orgullo, también han sido 30 años en los que ha honrado a las deidades que, según la tradición, provén la lluvia que convierte a la tierra más fértil para que pegue la semilla que es su alimento principal: el maíz.

Porque pelear como hombre tigre en Zitlala no es golpear por golpear, no es la violencia común que se vive en casi todo el estado; acá está de por medio el honor, el orgullo.

La sangre no es un signo de victoria o de terror, es honor, es con la simple razón de agradar a sus deidades.

Una hora después, a las 3 de la tarde, Félix Ruiz llegó a la plaza central acompañado por cientos de tigres de su barrio, San Francisco, y de la comunidad de Tlantepanapa, para combatir contra los de la cabecera y del barrio de San Mateo.

Félix lo hizo como cada año, con la reata tensada a su cuerpo, con su máscara de tigre puesta y con unos mezcales encima, como dicen acá, para agarrar valor y para que se entuma el cuerpo y los golpes se sientan menos.

El lugar donde se realizan los combates está marcado por un corral hecho exprofeso; afuera del cerco hay gradas que lo rodean, junto con un puesto donde ofrecen cerveza y cualquier tipo de antojitos; los pasillos de la planta alta del ayuntamiento se han convertido en palcos. Todo, por un momento, hace pensar que se trata de un espectáculo y no de un ritual.

Y a esta perspectiva, este año se le agregó un elemento: los capitanes de los barrios decidieron cobrar por documentar el ritual. Para los reporteros de televisión, en especial para los de Televisa y Tv azteca, la tarifa la establecieron en mil pesos. A los aficionados de video: 500 pesos, y a los fotógrafos, 300 pesos.

Al final fueron pocos los que pagaron esas tarifas, porque el ímpetu de los peleadores provocó un desorden que hizo imposible cobrar.

Pero el ritual comienza horas antes. Desde las 12 del mediodía los peleadores de los tres barrios que participan, San Francisco, San Mateo y La Cabecera, se reúnen en la casa de uno de los combatientes, quien ofrece alimento y algo de bebida, esencialmente mezcal, para los hombres tigre.

Ahí también aprovechan para preparar las reatas, los trajes y las máscaras que utilizan en el legendario combate. El traje año tras año se amplía en su variedad. Esta ocasión se pudieron ver tigres con trajes amarrillos, verdes, blancos, rayados, de camuflaje militar y hasta decorados con los colores del equipo de futbol de Las Chivas.

Pero pese a todo, la pelea de los tigres es una fiesta, porque cuando corre la música y el mezcal al mismo tiempo es imposible que no se arme el ambiente.

FUENTE: lajornadaguerrero.com

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