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Guerrero está terrible: Elena Poniatowska

Guerrero está terrible: Elena Poniatowska

“¿Ya viste? México no lee”, dijo la reconocida escritora del libro La noche de Tlatelolco, Elena Poniatowska, sonriendo y apuntando a una sala vacía de lectores de la librería del Fondo Octavio Paz, y luego soltó: “Guerrero está terrible, pero qué bueno que no ganó la candidatura Ángel Aguirre Herrera, hijo del gobernador con licencia Ángel Aguirre Rivero. Pero, cuéntame, ¿qué pasa por allá?, espero que le vaya bien a La Jornada Guerrero”.

Antes de salir de su casa en el barrio de Chimalistac, delegación Coyoacán, se despidió de Monsi y Vais, sus dos gatos, después le dijo a Martina: “¡Vamos, ándale, acompáñame; ándale, no seas así!”, y comenzó a caminar mostrando la riqueza arquitectónica que hay en las calles del lugar.

En pants rosa, suéter azul y tenis en negro, siempre sonriendo, dijo: “vente por acá; las piedras están muy boludas, y por acá se puede caminar”. Al llegar al callejón San Ángelo, alguien le dice: “puede subir a la librería por el elevador”; y con una mirada de ternura dijo: “no, gracias, me gusta subir las escaleras. Hace tiempo las escaleras eran diferentes, ahora se ven bien… pero ¿por qué cargas eso como si se sintieran perseguidos, como si fuéramos alguien importante? No pasa nada”. Antes preguntó: “Entonces, ¿tú eres de La Jornada Guerrero? ¡Qué bueno que le vaya bien!”.

Al llegar al primer piso de la librería de inmediato le recordó a Martina la necesidad de comprar La Jornada antes de salir, y después expresó: “¿Ya viste? México no lee. Está vacía la librería; sólo hay puros libros”, y continuó subiendo a la siguiente planta, rumbo a la cafetería. Miró todo lo que hay de libros y dijo: “¡ahí está!”, señalando una fotografía del escritor Carlos Monsiváis. En la charla siempre abrazó la taza en color verde con gris. Sus manos pecositas y blancas mostraron su trayectoria en las letras. Los dedos lánguidos con mucho movimiento descubrieron de lo que está construida Poniatowska.

–¿Dónde nos acomodamos? No tengas pena –le dijo a Martina–; siéntate conmigo aunque salgas en las fotografías.

Llegó el mesero, a quien le pidió un café negro, y después comentó: “Guerrero está terrible. Voy a ir a Ayotzinapa el 26 de septiembre; es un compromiso; ahí daré un discurso”.

–Maestra, ¿cómo ve a Guerrero?

–Lo veo terrible. Conocí al gobernador sustituto, Rogelio Ortega Martínez, y se ve una persona… Pero platícame de él, ¿de dónde salió?

Hizo una pausa sin dejar de sonreír y preguntó: “¿No es rata? Porque el otro fue malo, se pasó gastando el recurso público para publicitar a su hijo (Aguirre Herrera), lo vi en Acapulco cuando estuve allá para recibir un doctorado, pero qué bueno que no ganó; si no, ¡imagínate!”.

–¿Conoce a Félix Salgado Macedonio, director general de La Jornada Guerrero?

–No, no lo recuerdo o no lo conozco, pero cuéntame, ¿qué hace? Anotando en su libreta nombres de personajes para no olvidar, mencionó a Salgado Macedonio: “Entonces, ¿es amigo de Andrés Manuel López Obrador? ¡Qué bien! Entonces va bien La Jornada Guerrero”.

Entre pocos tragos al café, habló de Taxco y su platería y recordó a Demetrio Vallejo, a quien consideró el mejor hombre del movimiento social en México, aunque “cantaba peor que un pordiosero”.

Elena Poniatowska dijo que Guerrero vive “una tremenda” pobreza, y después ya no quiso hablar del gobernador electo, Héctor Astudillo Flores: “¿Y él quién es? No lo conozco, pero si es del PRI… híjole”. Y cambió de conversación: “Recuerdo a Taxco, he ido pocas veces a Guerrero, unas cuantas, pero ahora voy para Ayotzinapa”.

Recordó al escritor José Emilio Pacheco y a Carlos Fuentes, de quien dijo: “él (Fuentes) le dijo al presidente de México, Enrique Peña Nieto, que tiene todo el derecho de no leer sus obras; pero yo (Fuentes) tengo el derecho de no votar por ti”.

Antes de la charla, una pareja se acercó con sus hijas para que le autografiara un libro adquirido, y Poniatowska sonriente y brillante respondió: “claro que sí, ¿para quién es?… ¿Nada más es para los niños? Pero para los padres le ponemos su nombre, ¿o no quieren aparecen en el recuerdo de sus hijos?”

Terminó de dar el autógrafo y continuó recordando su vida en México y lo que ha sucedido; también contó anécdotas de su vida, “porque tengo 83 años de edad”. Tuvo tiempo para volver a revisar los títulos de los nuevos libros; dio fotos especiales con Carlos Monsiváis y bajó del lugar, siempre agradeciendo la charla.

–¿Qué se siente que te quieran tanto?

–Nada, porque no comulgo con eso, y no digiero esas cosas, por eso estoy aquí, no lo puedo desmenuzar.

Al salir de la librería siguió contando historias y haciendo expresiones de felicidad; se acordó del luchador social Pablo Sandoval Cruz y al llegar a la puerta de su casa se despidió con sencillez: –gracias, me dio gusto este tiempo y sobre todo que el vaya bien a La Jornada Guerrero.

FUENTE: lajornadaguerrero.com.mx

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