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#Entérate: Para “desempaparse” un poquito.

#Entérate: Para “desempaparse” un poquito.

En Tela de Juicio
Por Felipe Victoria Zepeda
CAPÍTULO 5 de la novela “Solo los Muertos Tienen Perdón”
“Muerto en papeles”
“Estar de vacaciones en Acapulco es un gran placer, pero es muy distinto cuando se radica ahí.

Un acre comentario publicado en El Universal el martes 31 de enero de 2006 le llamó mucho la atención a Fifty ou nine, vaya manera de apreciar desde lejos lo que estaba sucediendo en el sureño estado donde él ya radica desde hace muchos años:

Guerrero a la deriva

Entre un gobernador que declaró hace unos meses que ni podía ni quería combatir el crimen organizado y que le hicieran como quisieran, y un presidente municipal de su ciudad más importante conocido por sus borracheras, sus churros cinematográficos y su vocación para el ridículo, el estado de Guerrero se encuentra en un predicamento. No hay día en que no aparezca un ejecutado, baleen un puesto de policía o se detonen explosivos. El abanico de probables responsables es amplísimo: desde narcotraficantes a gavilleros, pasando por guerrilleros, quienes siembran el terror a su paso mientras Zeferino Torreblanca y Félix Salgado Macedonio se contradicen respecto a la situación en Acapulco, el segundo sitio turístico del país.

El primero dice que la ciudad es segura —probablemente el tiroteo de 40 minutos entre policías y presuntos narcotraficantes, con estallido de granada incluido del viernes pasado se le hace poca cosa al gobernador—,y el segundo reconoce que hay una crisis de seguridad.

Mientras se preparaba la reaparición de la Revista Controversia, de Igor Pettit, tras el escándalo internacional por el acribillamiento policiaco de narcos en La Garita, Fifty ou nine literalmente se encerró a escribir tantas cosas de que se acordaba, del por qué estaba en Acapulco y de todo lo que sin querer fue averiguando de muchas cosas en un centro turístico dominado por mafias de todo tipo, que mantienen un férreo control de las principales actividades económicamente productivas y le tomaron la medida a los efímeros funcionarios municipales que difícilmente permanecen tres años y por eso poco cuidan sus chambas…

He aquí parte de esas memorias…

Ni modo, de buenas a primeras todo un proceso judicial en el extranjero se vino abajo por coincidir algunas diligencias ante la Corte Federal Texana con la fecha oficial del cambio de Presidente en México; Carlos Salinas de Gortari entregaría la banda tricolor a Ernesto Zedillo Ponce de León.

Habían tratado por todos los medios de obtener la extradición del que fuera el más audaz y eficaz comandante policiaco contra el narcotráfico,Guillermo González Calderoni, pero que cayó de la gracia del sistema, viendo mal entonces las cosas por las que hasta el primer mandatario lo había premiado antes con un bono por trescientos millones de pesos.

Al periodista aguerrido y chimuelo llamado como testigo, le quedaron dos opciones: acogerse a ser incluido en un programa de protección especial quedándose en otro país lejos de su familia, o regresar al suyo, aunque no cerca de los suyos por la seguridad de sus seres queridos.

Lo meditó inquieto con la almohada fronteriza del Hotel Fairway aquel diciembre de 1994, al fin y al cabo desde antes del inicio del famoso juicio de extradición ya lo habían comisionado a efectuar una investigación delicada en Acapulco respecto al Cártel del Golfo y la extraña fortuna de la familia de un ex Gobernador, el mismo año en que dos personajes de la política nacional mexicana fueron arteramente asesinados en sendos complots: Luis Donaldo Colosio Murrieta el 23 de marzo y José Francisco Ruiz Massieu el 28 de septiembre, a quienes conoció y trató personalmente.

Les dijo a los de la DEA que prefería regresar a su querido México y entonces, desairados, lo dejaron que por su cuenta y riesgo retornara a su país de origen.

Cuando el abogado neoleonés Patricio O’Farril lo trasladó hasta Monterrey, Nuevo León, fingió ir dormido, pero más bien iba rezando; angustiado temiendo el momento en que lo fueran a bajar del auto en el despoblado de la autopista en Tamaulipas para ejecutarlo a él o a los dos. Pero Dios es muy grande y no fue así.

En la Industriosa Sultana del Norte tenía conocidos que le ayudaron para abordar un avión rumbo al puerto de Acapulco, donde hasta tres semanas antes estaba trabajando como enviado especial del periódico La Prensa del D.F., a donde no podría ni debería poner un pie en mucho tiempo o años, a pesar de su familia y de él mismo.

Como quiera, dejó el lugar donde se hospedaba y consiguió donde instalarse solo y su alma, sin molestar a nadie ni darse a notar, como se lo aconsejó un antiguo ex jefe y gran amigo radicado en Las Brisas Guitarrón, Mister Antonio Rivera

Encontrar ocupación no fue problema ya que desde antes ya estaba relacionado con el medio periodístico estatal, en especial con Novedades Acapulco. En el D.F., lo dieron por virtualmente desaparecido un buen tiempo; eso era lo más conveniente por motivos de seguridad al fin y al cabo. De todos modos cada Procurador General de la República siempre ha tenido su estilo muy personal de pensar, como le constó con Jorge Carpizo Mc Gregor, Diego Valadés Ríos, Víctor Humberto Benítez Treviño, Fernando Antonio Lozano Gracia y Jorge Madrazo Cuéllar”…….

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