Home / Cultura / #Entérate: Melchor Rodríguez, el anarquista compasivo
#Entérate: Melchor Rodríguez, el anarquista compasivo

#Entérate: Melchor Rodríguez, el anarquista compasivo

Madrid, un día lluvioso de febrero de 1972. En el cementerio de San Isidro, un entierro ha congregado a una pequeña multitud. Nada que no ocurra todos los días, morir es una costumbre.

Lo inhabitual es el grupo que acompaña al féretro. Hay un exministro de Franco y bastantes personas del régimen.

Y también anarquistas, ya que el difunto, Melchor Rodríguez, pertenecía a la CNT. Los primeros rezan un padrenuestro. Los segundos sacan una bandera del sindicato anarquista con la que cubren el ataúd. Cantan A las barricadas.La escena, absolutamente insólita, fue real.

La propició la personalidad del hombre al que enterraban. Melchor Rodríguez fue director general de prisiones en los meses del terror rojo en el Madrid de la guerra civil, y salvó a miles de presos de derechas en riesgo de ser asesinados, bien por una represión planificada, bien por estallidos de cólera espontáneos.

Aquella actitud coherente con sus ideas (anarquía es humanidad escribió en un poema) le llevó a enfrentarse con los suyos hasta jugarse la vida por salvar la de sus enemigos.

Por eso, Melchor Rodríguez recibió el apodo de El Ángel Rojo y el aval, cuando acabó la guerra, de muchas figuras importantes en el franquismo a las que salvó: Muñoz Grandes, Martín Artajo… Su testimonio le sirvió para cumplir unos pocos años de cárcel, aunque sus actividades en la CNT le llevaran a entrar otras veces.La necesidad de acercar al gran público a semejante personaje ha hecho que un bisnieto suyo, Rubén Buren, y Joaquín Leguina se unieran para escribir una novela, Os salvaré la vida (Espasa), que ganó el premio Alfonso X para relatos históricos.

Los autores insisten en que han escrito una ficción. Sobre Melchor Rodríguez ya hay una biografía, escrita por Alfonso Domingo.

Leguina y Buren han querido hacer otra cosa: recrear el país, el paisaje y el paisanaje en una novela para la que Leguina no rechaza el calificativo de costumbrista (“ambientada en un barrio cañí”) y en la que priman los sentimientos más que la ideología.

Un desacuerdo entre los autores: Buren se considera anarquista y Leguina cree que su doctrina se basa en el falso presupuesto de considerar al hombre bueno por naturaleza. Y otra polémica: la memoria histórica. Para Leguina, es una contradicción en los términos; para Buren, remitiéndose a Walter Benjamin, un concepto importante.

Pero los dos autores coinciden en la necesidad de rescatar esa vida de dignidad moral. En la galería de personajes -de diverso pelaje e ideología- de Os salvaré la vida destaca Amapola (nombre de inequívoco aroma anarquista), la hija de Melchor.

Padre e hija no tuvieron una relación buena. La militancia, vivida como apostolado y salpicada de cárceles, no hacía de Melchor el mejor padre.

Pero los recuerdos de Amapola, extraídos por su nieto Rubén, están en el fondo de la novela. Eso, y muchos libros de historia.

Porque, sin dejar de ser una novela dirigida al gran público, contiene muchos libros dentro de sí.

FUENTE: http://www.elmundo.es/cultura/2017/09/12/59b6e333268e3ef5768b477f.html

¿Qué opinas de esa nota?

Scroll To Top