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#Entérate: La seguridad en Tamaulipas

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José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante
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Alan Pulido es un jugador de fútbol que ha venido por la vida con mala estrella. Ha seguido consejos equivocados y ha hecho caso a las voces que le hablan al oído y le dicen que él puede todo. Lo mismo en su litigio contra los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León que quien le dijo que en Ciudad Victoria, a las dos de la madrugada, puedes andar en la calle. Claro, manejando un vehículo de superlujo como un BMW, menos. Y a todos ha atendido. Y en todos ha quedado mal.

Que no es lo mismo ir a jugar al llano y ahí decir que ya no quieres seguir, que firmar un contrato con un equipo de primera división y luego, pretender olvidarlo como si nada.

Que si alguien llega y te dice que vayas a tomar y a la parranda, siendo un jugador profesional, a las dos de la mañana… a bordo de un vehículo de superlujo… vamos, la verdad, hay que creer que uno está blindado en contra de los peligros.

Lo peor de todo es que Alan Pulido no está mal. Lo que está mal es la situación, el país y el estado de derecho en el que le ha tocado vivir. Tal vez el siente como derecho natural poder cambiar de equipo y también, poder ir con su novia, en el carro que él compró, a pasear. Lo que no alcanza a comprender es que nuestro país, México y en especial, Tamaulipas, no están en su mejor momento.

La delincuencia organizada, ya sea la que opera desde el gobierno o la que lo hace desde las calles, ha tomado el control de la vida pública en el país y ha venido ordenando cómo, quién, cuándo y por qué se han de hacer las cosas. Es esa delincuencia, la que desde los puestos claves de gobierno o la que desde las trincheras del anonimato, han establecido los límites y las formas en que debe actuar la sociedad, las que están haciendo daño a la gente, a la población, a los mexicanos todos.

El no poder decidir si vas con éste o con aquél equipo, como le ha pasado a Alan Pulido, pues eso solo lo deciden las directivas que de antemano tienen ganados los juicios; el no poder comprar un carro de tal o cual marca, pues esos están reservados a los jefes, ya sean del gobierno o de los que andan informales; el no poder salir de paseo, en tu ciudad, en tu estado, en tu país, pues quienes toman decisiones no han tenido a bien considerarlo, es lo que hace que México todo esté sufriendo un flagelo que no merece.

Saber que la delincuencia, que los que acaparan los delitos, han copado a las autoridades judiciales, a los persecutores del delito, a las encargadas de velar por la seguridad pública, es lo que hace que no exista ni confianza ni fe del público en quienes dicen justicia.

Tener la certeza que los mismos que pelean los puestos públicos, los cargos políticos, son los que ordenan quién vive, quién sigue en la lucha y quién debe caer, es lo que ha hecho que nuestras voces se vayan apagando. Cada día tenemos un vocero de la libertad menos y cada día tenemos un agregado a las estadísticas de muerte de comunicadores. Algunos estados llevan delantera: Veracruz, Tamaulipas, Puebla y tal vez, el que usted quiera.

La verdad es que todos los mexicanos, no solo Alan Pulido, deberíamos tener la tranquilidad de deambular por las calles de nuestra ciudad a cualquier hora; deberíamos poder elegir equipo, partido político, modo de pensar y aún más, preferencias de todo tipo, sin pensar en que a cambio de nuestra idea, habremos de merecer una reprimenda de quienes en realidad gobiernan o peor aún, la justicia impartida de manera formal por nuestros delincuentes organizados desde el gobierno, nos niegan todo tipo de derecho. Tener la conciencia plena que los juzgadores actúan por consigna, es tal vez uno de los peores lastres que puede cargar un gobierno. El mexicano está convenciendo a toda la población, que él no manda.

Cuando el procurador sale a decir que va a buscar a Alan Pulido por orden del gobernador y no por ser su obligación y mandato constitucional, ya sabemos que el destino de Alan Pulido y de los Tamaulipecos, está dicho.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.

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