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#Entérate: El ataque

#Entérate: El ataque

BAJO FUEGO: José Antonio Rivera Rosales

Tal como estaba previsto, el pasado martes 27 de octubre Héctor Astudillo Flores se convirtió formalmente en gobernador del estado de Guerrero.

Antes, la noche del sábado 17, tuvo un mal encuentro que, aunque aterrador, propvocó el efecto de sensibilizar a Astudillo sobre lo que padece la generalidad de los ciudadanos de a pie, que subsisten a diario en la más absoluta indefensión, a diferencia de los funcionarios de la elite política guerrerense que cuentan con seguridad personal, armas, vehículos equipados -algunos blindados- y un entorno general de protección.

El terrible incidente presenciado y sufrido por Héctor Astudillo y su esposa Mercedes generó un efecto catalizador en su persona que, finalmente, lo mostró tal cual es: un ser humano capaz de mostrar conmiseración por quienes le rodean, en este caso sus escoltas heridos en el incidente, a quienes prestó ayuda médica inmediata en el Hospital de la Octava Región Naval Militar. Allí estuvo Héctor durante la madrugada, acompañando a sus escoltas hasta que los médicos los declararon fuera de peligro.

No es de menor importancia la forma en que reaccionaron Astudillo y su esposa Merce, como le dicen a la señora con cariño sus allegados: en realidad el incidente mostró la calidad humana de ambos y sus capacidades para actuar con entereza ante una realidad adversa.

Ese gesto humano, sin embargo, deberá trasladarlo a su gestión como gobernador de Guerrero, donde deberá atender con la misma conmiseración a quienes, desde muchos años ha, han sufrido exclusión, miseria, discriminación y desprecio -los segmentos más pobres de la población, sean los pueblos originarios, los pueblos negros, los sectores urbano-populares y, muy en especial, las decenas de miles de jóvenes guerrerenses sin estudios, sin oportunidades, sin futuro-.

La noche del sábado 17 un par de tiradores que se movían en una motoneta -muy en el estilo colombiano, que han asimilado con bastante holgura los sicarios locales- hicieron disparos contra un bar de la Costera Miguel Alemán, exactamente junto a un restaurante de comida italiana en el que cenaban Astudillo y su esposa.

Como es procedente en estos casos, dos escoltas respondieron de inmediato sacando sus armas, pero fueron heridos por el o los tiradores que, de inmediato, se dieron a la fuga.

La trayectoria de los disparos, hechos en sentido ascendente, demuestra que en realidad se trató de un acto de hostigamiento de parte de los delincuentes que buscaban de esta manera presionar al o a los propietarios del bar, para obligarlos a pagar la cuota. En efecto, dos días antes los pistoleros habían hecho lo propio: dispararon contra el mismo bar con los mismos objetivos. Empero, conviene aquí hacer algunas apreciaciones sobre el incidente mismo.

Primero.- Como ya se dijo públicamente, nunca fue Astudillo el blanco de los disparos. De haberlo sido, los tiradores habrían contado con un respaldo logístico mucho mayor y, por consecuencia, una alta probabilidad de alcanzar su objetivo.

Segundo.- Este modus operandi, que carecía de respaldo logístico y capacidad de fuego, con seguridad se orquestó también al margen de los mandos reales del crimen organizado establecido en el puerto. Todo parece indicar que se trató de un grupo criminal independiente -de los que hay varios en Acapulco-, a los que en el caló de la delincuencia organizada se les llama “chapulines”.

Tercero.- El más notorio de estos grupos independientes es el que jefatura un sujeto conocido como “El David”, autor de los más sangrientos asesinatos cometidos en el puerto de Acapulco y su periferia, que compite por el negocio contra la estructura formal del llamado Cártel Independiente de Acapulco (CIDA), al que se dedica a “calentarle la plaza”.

Cuarto.- Esta célula criminal es la autora de bestiales asesinatos como el del comerciante ultimado en fecha reciente en la avenida 5 de mayo, en pleno centro del puerto, o de los cinco trabajadores del restaurante “La Jaiba Loca”, ambos casos ocurridos el pasado mes de agosto.

Quinto.- Es obvio que los criminales que actuaron esa noche sabían perfectamente (siempre lo saben) que justo a un lado estaba el gobernador electo, lo cual no les importó, y esto es lo peligroso del asunto.

Sexto.- Debido a los códigos criminales no escritos, un operativo orquestado por un cártel, trátese del que se trate, habría abortado el ataque al percatarse de que en el lugar, o en su entorno, estaba nada menos que el gobernador electo de Guerrero, Héctor Astudillo…a menos que vayan por esa persona.

Séptimo.- Por tanto, estamos ante una transgresión de las reglas que norman la conducta de los cárteles. Por necesidad, las Fuerzas Federales deben proceder a la aplicación de la ley para evitar riesgos de un magnicidio en el futuro inmediato. Un ejemplo de esta norma la representaba el capo Arturo Beltrán Leyva, quien prohibió que en su territorio se cometieran secuestros. Una transgresión a esta normativa era castigada con suma crueldad (un caso fue la ejecución de Mario Alberto Pineda, El MP, quien a sus espaldas cometía secuestros y asaltos a joyerías).

Así pues, Héctor Astudillo -y no se diga Evodio Velázquez- tiene ante sí un escenario de violencia complejo que deberá atacar de frente y con todo. Si bien existe un respaldo manifiesto de la Federación con el arribo al puerto de Acapulco y a otros puntos del territorio guerrerense de unos tres mil soldados del Ejército Mexicano y un mil 500 efectivos de la Policía Federal, el caso es que la presencia federal de ningún modo garantiza el éxito, como no lo ha garantizado en el pasado reciente.

Esperemos que en las próximas semanas la estrategia federal ofrezca resultados concretos a la ciudadanía. Astudillo ya probó el miedo que acompaña, siempre y en todo momento, a los ciudadanos de a pie. Ahora le toca demostrar que puede con el paquete.

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