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#Entérate: ‘Detroit’ o 50 años de racismo en Hollywood

#Entérate: ‘Detroit’ o 50 años de racismo en Hollywood

En 1967, cuando en las salas de cine se proyectaban Adivina quién viene a cenar y En el calor de la noche, las calles de varias ciudades de Estados Unidos ardían.

Literalmente. Se registraron hasta 16 disturbios raciales. Algunos de ellos, como el que tuvo lugar la última semana de julio en Detroit, se cuenta entre los más cruentos la historia del país. En esos cinco sofocantes días y noches murieron 43 personas y 1.200 resultaron heridas.

Los saqueos y altercados se sucedían y los tanques tomaban los barrios. Todo agravado por un racismo estructural, ese que explica matanzas como la que se produjo en el Motel Algiers: creyendo que en su interior se escondía un francotirador, tres policías blancos decidieron jugar con las vidas de once hombres negros y dos mujeres blancas.

Todos inocentes.La reconstrucción de aquellos hechos conforma el impactante bloque central de Detroit, la última película dirigida por Kathryn Bigelow, que llega a España el 15 de septiembre y ya ha despertado ciertos recelos, cuando no críticas abiertas, entre la comunidad afroamericana. Esa reticencia se debe a que a Bigelow no le interesa tanto el contexto de lucha por los derechos civiles, sino la sangre de aquellos que sufrieron por encontrarse en el peor lugar en el peor momento.

Puro terror.Como sucedió con En tierra hostil y La noche más oscura, vibrantes aproximaciones a las guerras de Irak y Afganistán, Detroit surge de una investigación periodística del guionista Mark Boal, que intenta reproducir lo ocurrido con la ayuda de testigos y algunos de los supervivientes, un hiperrealismo que Bigelow secunda insertando imágenes de archivo y utilizando una cámara siempre inquieta, pegada a los personajes.

Detroit comparte con En el calor de la noche un tono febril y cierta crudeza. Igual que en Adivina quien viene a cenar, aunque con lógicas diferencias, plantea la dificultad que tenía la sociedad estadounidense para entender que una chica blanca se sintiera atraída por un chico negro.

En los dos títulos, Sidney Poitier, la primera estrella negra de Hollywood, ejerce de modelo de integración: un hombre intachable y algo presuntuoso que es capaz de ganarse a los blancos pese al color de su piel.

Hasta entonces, salvo honrosas excepciones, en Hollywood el tema se trataba de manera soterrada, cuando no directamente segregacionista.A los pretendidos alegatos antirracistas dirigidos por cineastas blancos se les reprochaba ser películas que funcionan como bálsamo para la culpabilidad blanca.

Melvin Van Peebles, Spike Lee y John Singleton se encargaron de ofrecer la otra cara de la moneda, desde el punto de vista de los barrios y la población afroamericana para firmar hitos del cine hecho por y para negros.

Medio siglo después, ninguna película reciente ha sabido mostrar la división cultural y social del país como lo ha hecho Déjame salir, que ofrece una alegoría de los prejuicios raciales en clave de terror.Las tensiones siguen muy presentes.

Siguen los abusos policiales que se saldan con impunidad, los incidentes como el de Charlottesville y un presidente que coquetea con supremacistas. “La historia necesitaba ver la luz del día”, dice Bigelow a Variety.

“Espero que salga un diálogo de esta película para humanizar una situación que a menudo parece abstracta”. Por eso ha hecho Detroit.

FUENTE: http://www.elmundo.es/cultura/2017/09/12/59b6e7a1268e3ef5768b478e.html

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