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#Entérate: Calderoni, muerte del ¿último policía “Bad Hombre”?

#Entérate: Calderoni, muerte del ¿último policía “Bad Hombre”?

EL TELEFONO INDISCRETO
Por Felipe Victoria Zepeda

Hace exactamente 14 años asesinaron en Texas convirtiéndolo en leyenda negra al Comandante Guillermo González Calderoni, el golfista policía judicial federal mexicano más rico del mundo…

Tres veces intentó extraditarlo el gobierno Salinista, tras de incluso haberlo premiado, pero como González Calderoni se negó a perpetrar un atentado contra Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, similar al de Maquío Clouthier, cayó de la gracia de los Pinos…

Para su desgracia llegó a la PGR el Dr. Jorge Carpizo, con quien tenía cuentas pendientes de cuando lo abofeteó siendo presidente de la CNDH….

Morales Lechuga salió en 1993 como Embajador a Francia y Salinas puso a Carpizo en la PGR, para ver si era cierto que cumplía tantas recomendaciones emitidas desde la CNDH…
Lo primero que el flamante titular quiso hacer fue encarcelar a González Calderoni comisionado en Texas, pidiendo su extradición por enriquecimiento inexplicable pero se la negaron dos veces

En abril del 93’ apareció a la luz mi novela “Testigo a la Fuerza”. donde relaté un incidente reporteril en que resulté torturado en enero de 1990 cuando la masacre de los Quijano en Hacienda Ojo de Agua, Tecamac, Estado de México por los elementos del Grupo Palmas al mando de Fernando Ventura Moussong y Guillermo González Calderoni. La obrita les cayó como anillo al dedo en la PGR para fundar y motivar otra petición de extradición.

La noche del día que Pancho Quijano mató a dos judiciales federales en el Café La Habana de Bucareli, me tocó por coincidencia darme cuenta en las instalaciones de la Cruz Roja de Polanco, que el famoso fotógrafo “Chon”. del periódico LA PRENSA, era arbitrariamente detenido por judiciales por tomar imágenes de la llegada de elementos heridos

Me escabullí para buscar a los reporteros Julián Fajardo y Tomás Rojas Madrid en las instalaciones de la Calle de López donde estaba la Judicial Federal, con el objeto de avisarles del problema de Chon…los energúmenos de la entrada me la hicieron de problema sobre todo porque reconocieron mi camioneta guayín Chrysler Mónaco, desde la que un día antes con telefoto estuve reporteando un operativo en el burdel de la madrota más poderosa del DF, Gladys Carrasco, protegida del periodista Mario Munguía Delgadillo “El Matarili”…

Brutalmente me ingresaron a la antesala de las oficinas del poderoso “Calderoni”, donde tenían a varios hermanos Quijano y a su progenitor, junto con un policía de caminos y una docena de individuos que eran “científicamente” interrogados…

Sin tener nada que ver en el asunto del Café La Habana ni conocer siquiera a los Quijano Santoyo, a quienes exigían ubicar a su hermano Pancho el que mató a los judiciales horas antes, me la aplicaron igual y cuando casi privado sobre el piso por las patadas en los testículos esculcaron los bolsillos de mi traje, encontraron mi carterita roja de credenciales:

La de primer oficial grupo comando de supervisión de la Policía Auxiliar, junto con copia al carbón del oficio de resguardo de una pistola Llama calibre 38 de cargo y… lo que los puso fuera de sí: mi identificación del Sol de Mediodía y de la Revista Quehacer Político, que en el ejemplar de esa semana el columnista Benítez de la página contigua a la mía, puso como camote al tamaulipeco González Calderoni.¡Chiquita no me la acabé entonces!

Me tocó el tratamiento cavernario igual que a los otros detenidos; las pinzas de mecánico presionando y fracturando los dientes es horrible, nunca me dejaron reportarme con nadie…

Los días que me mantuvieron incomunicado me percaté de las negociaciones con la madre de los Quijano y sus nueras, aunque los llevaron de rehenes a la Hacienda Ojo de Agua para que se entregara Pancho o revelaran su paradero las mujeres, los ejecutaron inmisericordemente frente a ellas aquel domingo de enero de 1990

Para que les entregaran los cadáveres, tuvieron que pagar el almuerzo de barbacoa en Tecámac para los judiciales federales que fueron al operativo…

No atinaban qué hacer conmigo; el subprocurador Javier Coello Trejo me reconoció pues fuimos condiscípulos de la Primaria en la escuela Cristóbal Colón de la Villa de Guadalupe, famosos ambos por una anécdota pesadísima de cuando él se robaba tortas porque lo tenían a dieta forzada sus progenitores

Tras cargarme tinta en una dolosa averiguación previa y con todas las amenazas del mundo no les quedó más que soltarme…

Me fui de inmediato a la Procuraduría del Distrito y aunque Federico Ponce Rojas y Gonzalo Ruz Gea me recomendaban no denunciar los agravios lo hice. Nada ni nadie debía ponerse contra el poderoso procurador general de la república “de facto”, porque Alvarez del Castillo no dejaba su devoción por Baco

Prudencié el silencio… vigilado e intimidada mi familia en el domicilio; hasta una mano amputada enviaron a la Revista…ya en 1992 visité a Ignacio Morales Lechuga en sus oficinas de Reforma y Violeta; le platiqué del librito que estaba terminando y que le pediría el prólogo al presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos Jorge Carpizo…

En semana santa de 1993, EDAMEX de Don Octavio Colmenares Vargas lanzó al mercado editorial “Testigo a la Fuerza”; el entonces Regente Manuel Camacho Solís me prestó el auditorio de Coyoacán para presentar la obra, que comentaron Doña Mayté Noriega y el penalista Víctor Manuel Valencia Villarreal

El Procurador Carpizo puso especial interés en la novela y la utilizaron para pedir de nuevo la extradición de González Calderoni, pero se nos atravesó el chismote de los “narcoperiodistas” y el asesinato del Cardenal Posadas en Guadalajara, encerrando como chivo expiatorio al Chapo Guzmán después del 9 de junio de 1993

Diez días antes que mataran a José Francisco Ruiz Massieu en septiembre del 94′ atraparon por fin en Mc Allen Texas a González Calderoni, que dio santo y seña de los trastupijes de Raúl Salinas para librar su extradición y cuando el 2003 iniciaría un gran juicio en Houston lo mataron el 5 de febrero

La novelita alcanzó dieciocho ediciones, sin publicidad por precavida prudencia…

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