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El New York Times y la solidaridad de los cómplices

El New York Times y la solidaridad de los cómplices

Por varias semanas el New York Times estuvo aconsejando al Presidente Obama que sería un triunfo para él restablecer relaciones diplomáticas con Cuba. Entonces el 17 de diciembre el Presidente tomó al mundo por sorpresa admitiendo que llevaba 18 meses en conversaciones secretas con el gobierno de la Isla y anunció, entre otras medidas, el restablecimiento de relaciones diplomáticas con el régimen castrista. Es lógico pensar que el NYT estaba al tanto de las negociaciones.

Aunque lo que se negoció durante 18 meses es un secreto bien guardado es probable que el NYT tenga la información y en sus artículos esté de nuevo anticipando lo que sabe va a suceder en Cuba. Por ejemplo recientemente el NYT publicó un editorial titulado “Nuevas dinámicas para los disidentes en Cuba” en el cual plantea que hay democracias latinoamericanas que podrían presionar al gobierno de la Isla para que haga cambios que apunten hacia la democracia.

¿Sorprendente verdad?

El periódico argumenta que esto no ha sucedido hasta ahora porque los gobiernos de la región no querían que pareciera que estaban de acuerdo con la política de Washington hacia Cuba. Pero, como ésta ha cambiado esos gobiernos están libres de ser solidarios con quienes aspiran a una democracia en Cuba. El editorial comenta que si los disidentes cubanos fuesen invitados a la Cumbre que se celebrará el próximo abril en Panamá, podrían incluso escuchar a la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff hablar de la Cuba democrática”.

El argumento es contradictorio. ¿Cómo explicar que la casi totalidad de los gobiernos latinoamericanos, incluyendo el de la señora Rousseff, no han sido solidarios con los demócratas venezolanos? Por el contrario, por acción u omisión, han respaldado al gobierno chavista que conspira en estrecha colaboración con el régimen castrista para liquidar lo que queda de democracia en Venezuela. Es difícil entender cómo sería posible que esos mismos gobiernos presionen a Raúl Castro a transitar hacia la democracia.

Otra explicación al probable cambio de comportamiento de los gobiernos señalado por el NYT respecto el régimen en la Isla es que esto sea parte de lo acordado entre Raúl Castro y Barack Obama. El plan consistiría en una serie de cambios cosméticos en Cuba que serían aplaudidos por los gobiernos de Latinoamérica como prueba real de que la transición hacia más libertades en Cuba está en marcha. De esta manera los cómplices del castrismo y del chavismo en Latinoamérica quedarían legitimados como promotores de la democracia y la dictadura de partido único en Cuba también.

Las conversaciones y los acuerdos fueron secretos porque de esta manera el dictador no cedería ante la oposición ni el pueblo cubano. El propósito es legitimar la transición del castrismo comunista al castrismo capitalista en Cuba sin poner en peligro a la dictadura. Raúl Castro puede continuar enarbolando la soberanía de Cuba, la lealtad a la revolución y al socialismo para que el pueblo cubano ni se desboque ni se ilusione. Mientras que a cada pequeña concesión raulista la prensa, la izquierda y los gobiernos latinoamericanos aplaudirán sus “espontáneas” decisiones.

Con esta hoja de ruta secreta de la que el pueblo cubano ni la oposición se enteraron, los pasos de Raúl Castro y las presiones y reacciones solidarias de los cómplices de las dictaduras de Cuba y Venezuela le quedarán como anillo al dedo al Presidente Obama y no dejarán de beneficiar las aspiraciones presidenciales del Partido Demócrata en los Estados Unidos en el 2016. Si algo faltara, por ejemplo, la participación de la oposición cubana en la Isla, ya eso estará previsto, con lista de invitados y todo.

Por Huber Matos Araluce

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