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De Frente.- Chila-Cola

De Frente.- Chila-Cola

Por: Miguel Ángel Mata Mata
1.- “Ni que fueses la ultima Coca Cola del planeta”, posteó frustrado enamorado. No podrá argumentar mas que “para compartir, Coca Cola”. Sin embargo, ante la pérdida de la “Chispa de la vida”, recordó vivir en Chilpancingo y pensó decepcionado: “me conformo con un chilate”. Otra postura. La de un trasnochado apellidado Rosales. Posteó: “felicitemos al valiente pueblo de Guerrero. Ha logrado sacar a los intereses sionistas y judíos de una trasnacional. Sigamos con las demás”. Se refería a unas doscientas empresas extranjeras que trabajan y ofrecen empleo a miles en el estado de Guerrero. El señor Rosales quiere fuera a todas. Coca Cola vende, inclusive, en la radical Nor Corea y China. Es la que cambió el ropaje negro del flaco y amargado San Nicolás para engordarlo, vestirlo y presentarlo como Santa Claus. Es la de hermosos anuncios comerciales. Es la que financia mundiales de futbol y sus repartidores llegan a lo recóndito. Su producto, “droga cola”, como le llaman sus detractores, es parte de la dieta en lugares pobres como Cochoapa. Finalmente “las aguas del imperialismo yanqui” ya no son ofrecidas en los estanquillos de la capital del estado. La empresa se ha cansado. Fueron cuatrocientos camiones saqueados. Fueron dos empleados secuestrados. Fue el intercambio de esos trabajadores a cambio de la libertad de los delincuentes sorprendidos robando sus camiones. Fue la exigencia del gobierno a la empresa para que se retracte de la denuncia. Se cansó de la postura del gobierno que da seguridad personal, jurídica y legal a los ladrones y pone en indefensión a las empresas y ciudadanos. Otra postura, gravísima. Pondrá en alerta a otras empresas. Ya ha dado temor a quienes han denunciado secuestros y robos por parte de militantes del Movimiento Popular Guerrerense. Lo dicho por el gobernador Rogelio Ortega, luego que liberaron a los ladrones a cambio de los empleados secuestrados. El mensaje es claro: patente de corso a ladrones y secuestradores. Que nadie les toque. Nadie, ninguna autoridad, les hará cumplir la ley. Grave.

2.- El gobernador pidió a las empresas “ser tolerantes con los normalistas”. Justificó el intercambio de delincuentes por secuestrados “para que no se haga un problema mayor”. Y sostiene que con el dialogo, y sin criminalizar a los movimientos sociales, se dará solución a demandas de grupos anarquistas que no le reconocen como gobernante. En Ortega, los anarquistas, tienen la garantía de impunidad. Les ha dado patente de corso. Las empresas llamadas “sionistas y de intereses judíos” por los protegidos del gobernador, pagan impuestos. En los municipios donde operan pagan por cada anuncio colocado en los estanquillos. Pagan tarjetas de circulación y placas para sus flotillas. Pagan predial y agua. Pagan su consumo de energía eléctrica. Pagan salarios y dan seguridad social a sus trabajadores. Son uno de los importantes eslabones de donde el gobierno cobra impuestos para pagar a sectores como, por ejemplo, los maestros, puntualmente sus quincenas.

3.- A ellos. A nosotros. Nos llevaron. Se los llevaron. Nos empujaron. Les empujaron. Nos secuestraron. Les secuestraron. Les arrebataron sus teléfonos “para que no anden tomando fotos ni grabando lo que les hacemos”. Lo mismo a nosotros. Ellos son empleados de la empresa Coca Cola. Nosotros 120 periodistas plagiados por el mismo grupo en Tlapa. Nosotros ya interpusimos demandas por secuestro, robo, intento de homicidio y lo que resulte. Ellos hicieron lo mismo. A ellos les habló el gobierno para convencerles de retirar sus denuncias. Les asustó. Por eso sus patrones decidieron no distribuir Coca Colas en la capital del estado. A los periodistas nos les han llamado. Han leído, sin embargo, el mensaje. Saben que deben buscar justicia en otro lugar no gobernado por Ortega. Aquí lo único que pueden esperar es que les secuestren, como a los de la Coca, para que, llegado el momento, los intercambien por los secuestradores de Tlapa al momento de su aprehensión Lo mismo puede esperar otras empresas. Otros ciudadanos. Otros comunes que no gocen del Don de la pertenencia a los clubes de anarquistas protegidos desde el gobierno.

4.- Los guerrerenses quieren una vida normal. Quieren sus plazas públicas libres, sin olor a orines ni excremento. Quieren certidumbre al viajar por las carreteras, sin el temor por el ataque de embozados ni el robo de sus vehículos. Quieren sus palacios municipales libres para pagar sus impuestos. Quieren una vida con la chispa de la vida a la mano en el refri del Oxxo. Todos quieren ese mundo real, normal, ideal que, de un tiempo a la fecha, se ha convertido en un anhelo, un deseo, un sueño, una utopía. Todos, todos, todos quieren vivir con tranquilidad. Quieren viajar al mercado de Chilapa, los domingos, a comprar y desayunar a casa Pilla. O viajar a Tlapa de Comonfort y de ahí tal vez seguirse a Puebla o Veracruz. Comer barbacoa en el mercado de Taxco. Tal vez ochupos en Pungarabato. ¿Qué tal café y miel a Atoyac? Les gustaría ir a la piedra del Tlacoyunque y la Soledad de Maciel. O a las playas de Marquelia y Chirulandia. ¿Qué tal Ixcateopan a ser testigos de la cósmica ceremonia por el natalicio de Cuauhtémoc? ¿Tal vez los chingadazos que se ponen en Zitlala? ¿O el Paseo del Pendón y el porrazo del tigre? ¿Han comido en Ometepec? Todos anhelamos ese mundo mágico guerrerense, que nos han arrebatado. Bueno, casi todos. El gobernador no comparte ese sentimiento. Él no lo anhela. Está contento con el estado actual de cosas. Ha perdido su gusto por el mezcal de Zihuaquio. Ya no come cabrito en la alameda de Chilpancingo. Tampoco un Prau Prau con Esteban, en Acapulco. Ni un rico pozole con huevo y sardina al barrio de San Mateo. Bueno. Tal vez se de sus escapadas. Pero de una cosa estamos ciertos. En Chilpancingo no podrá tomarse una Coca Cola mientras defienda, a capa y espada, a los embozados que han sumido a Guerrero en la incertidumbre, el miedo, la desesperanza. Deben saber que “para compartir, Coca Cola”. Y que ante la pérdida de la “Chispa de la vida” ”Todo es mejor con Coca Cola”. Ellos, y quien les protege, deben saber que no son “la ultima Coca Cola del planeta”. Quitar la Coca no es un comercial. Es meterse a nuestra decisión individual y personal en la toma de una decisión.

Comenzarán por prohibir la Coca Cola, luego limitarán nuestras libertades. Como ha posteado un tal Rosales en el Facebook, se ha ido una trasnacional sionista y judía. ¿Cuándo verán con los mismo ojos a quienes piensan distinto a ellos? Limitar decisiones individuales y la libertad de empresa, es tan solo el inicio de aplicaciones de manuales conocidos en Cuba y Venezuela. Luego limitarán nuestras íntimas libertades. Por lo pronto conformémonos con un chilate. Llamémosle Chila-Cola.

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