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BAJO FUEGO: La contienda

BAJO FUEGO: La contienda

José Antonio Rivera Rosales

En definitiva, la contienda por la gubernatura se decidirá entre Beatriz Mojica Morga y Héctor Astudillo Flores, candidatos de los partidos De la Revolución Democrática (PRD) y Revolucionario Institucional (PRI).

Nada tienen que hacer aquí los candidatos de Movimiento Ciudadano (PMC), Acción Nacional (PAN) y Regeneración Nacional (Morena), ni muchos menos los partidos que pululan ofensivamente por la geografía guerrerense con cargo al erario público.

Aunque las campañas por la gubernatura se han manejado en un ambiente de pugnas y descalificaciones, es factible esperar que en el curso de este mes de abril emprendan el vuelo hacia un deseable escenario de propuestas para la ciudadanía, que lo único que desea saber es cómo un próximo gobierno, de izquierda o derecha, resolverá los grandes males que mantienen a Guerrero en los últimos lugares de desarrollo y justicia.

Justicia, la palabra clave en este proceso propagandístico que ya tiene asqueado a los ciudadanos -sólo asómense a las redes sociales para que lo constaten-, es la que menos se ha pronunciado en los mensajes de los candidatos punteros en la contienda por la gubernatura.

Tal parece que lo que sucedió en Iguala, que hasta el momento mantiene irresuelto el movimiento social por la desaparición de los 43 de Ayotzinapa -o, si se quiere, en un callejón sin salida-, es un tema que por el momento ha sido tocado sólo tangencialmente por los candidatos.

En el tema del desarrollo parece que ninguno de los pretensos tiene una visión clara sobre la forma en que se resolverán los problemas de pobreza, salud, educación y empleo, que son los temas torales en esta jornada comicial en la que los guerrerenses, todos, nos jugaremos el todo por el todo.

Beatriz, la candidata perredista, tiene en su contra la pesada sombra de Iguala generada por sus criminales compañeros de partido, que debieran estar en la cárcel en lugar de acompañarla en la campaña por el voto ciudadano. Ya lo hemos dicho en este espacio: Jesús Zambrano Grijalba, Lázaro Mazón Alonso, Sebastián de la Rosa Peláez, Carlos Reyes Torres, Víctor Aguirre Alcaide y otros sujetos debieran estar en prisión, en lugar de ser postulados a cargos de elección popular.

En su favor, Mojica Morga tiene prendas personales extraordinarias que bien podrían allanarle el camino a la gubernatura: cuenta con dos maestrías que le permiten tener una visión clara de lo que hay que hacer por Guerrero, una fina sensibilidad moldeada por la experiencia y un enfoque de género en el proyecto gubernativo que, por primera vez en la historia, colocaría a la mujer guerrerense en el centro de las políticas púbicas.

Se escribe fácil, pero es un proyecto de alcances extraordinarios.

Por su parte, Héctor Astudillo tiene cualidades que le permiten colocarse como un competidor leal: es un hombre de bien, trabajador, experimentado, proveniente de una familia tradicional, que igualmente busca conducir a Guerrero por los senderos más viables para un desarrollo igualitario.

Su mayor activo es, sin duda, su esposa Mercedes Calvo, una mujer extraordinaria que brilla con luz propia, que sin duda alguna apoyaría la labor de su esposo en beneficio de las mayorías desposeídas, que es la principal preocupación de Merce, como le dicen sus cercanos.

El problema de Astudillo deviene de su propio partido, que le insertó como un clavo ardiente al repudiado Manuel Añorve Baños, así como a otras figuras nefastas, como parte de su equipo de campaña que, de ganar los comicios, sin duda fungirían como parte del nuevo gobierno. De mantener ese equipo en la estructura de gobierno, Astudillo protagonizará una regresión histórica a las épocas del priismo que creíamos ya superada.

Si acaso lo dudan, sólo observen los resultados de las reformas estructurales y la conducta frívola hasta el hastío de la familia presidencial, lo cual tendrá sus consecuencias sin duda alguna.
De los demás candidatos no vale la pena hablar, pero haremos un esfuerzo somero.

Luis Walton, el candidato de MC, dejó al puerto de Acapulco sumido en la anarquía, la basura y la corrupción. Administró, pero nunca gobernó: jamás se atrevió a tocar el grave problema de inseguridad, nunca pudo solucionar el paro policial, tampoco rescató las vialidades secuestradas por grupos irregulares, dejó al puerto ahogado en basura y jamás, jamás, solucionó el problema del agua potable. Por decencia debiera renunciar a sus aspiraciones a la gubernatura.

Jorge Camacho, el candidato del PAN, hace propuestas que jamás se atrevió a postular como diputado de la saliente Legislatura local. Dos ejemplos: ahora propone regular las comunitarias en una nueva norma -antes ni siquiera tocó el tema- y habla de Iguala como si de verdad se preocupara por esa tragedia que puso el nombre de Guerrero en los records internacionales de la infamia.

Además, ofrece la gestión de su partido como la panacea para todos los problemas, cuando en el seno de ese mismo instituto político disputan las nominaciones a balazos. ¿Así o más claro?

El candidato de Morena, Pablo Amílcar Sandoval, es simplemente un pepenador que le hace el juego a su deshonesto líder Andrés Manuel López Obrador, aquel que guardó silencio cuando se descubrió que su operador en Guerrero, Lázaro Mazón Alonso, había sido el padrino de José Luis Abarca para acceder a la alcaldía de Iguala, abanderado por las dirigencias corruptas del PRD. Mazón fue la pieza clave para reunir en su momento a Abarca tanto con Zambrano como con López Obrador. ¿Acaso por nada?

A los demás candidatos ni siquiera hay que tomarlos en cuenta. Sólo están ahí para meter ruido.

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