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Ahora sÍ, un Ángel desangelado

Ahora sÍ, un Ángel desangelado

Por Ulises Navarrete

Si Ángel Aguirre Rivero quería pasarse de listo -como había sido su costumbre- al aparentar que no entendió que no entendía, la fuerza de las evidencias lo trajo de vuelta a la realidad de un solo manotazo.

Ahora va a sentir lo que es enfrentar a la justicia sin la bendición de los de “arriba”, sin fuero y como un simple ciudadano más que mucho lo acercará a entender un poco a los afligidos padres de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos de Ayotzinapa.

Entre muchas omisiones de su mandato, este capítulo será motivo de muchas horas de reflexión que le esperan en soledad, haciendo honor a esa frase lapidaria de “muera el rey, viva el rey”.

Después de varios días de jaloneo con los altos mandos del poder nacional, el defenestrado exgobernador de Guerrero se mostró como el más dispuesto a gritar a cielo abierto. ¡Soy un elefante, soy un elefante!

Entonces no tuvo empacho para atarse las manos, meterse a la cajuela de su auto y esperar la suerte que le quieran dar sus captores. “Estoy a su disposición”.

Así de fácil, como de rutina o como dijera el parte policiaco cuando se refiere a la captura de un alto personaje de la delincuencia organizada: “fue detenido sin haberse disparado ni un solo tiro”.

De lo que nunca se quizo dar cuenta es que la tolerancia de su gran amigo, Enrique Peña, ya se había acabado y que lo mejor era abandonar esa postura arrogante, prepotente y altanera de seguirse creyendo el amo y dueño de Guerrero.

Hoy camino al crematorio, Aguirre el que gastó parte de su vida y mucho dinero de las arcas estatales en francachelas, se encuentra convertido en cadáver de esos que embalzamaba la funeraría del Pacífico que nunca incineraban.

Tendrá que acostumbrarse a no usar los caros trajes y corbatas que mandaba comprar en vuelos privados al extranjero, porque ahora seguramente comenzará a lucir un opaco uniforme beige sin marca que ya le están planchando.

La realidad que enfrenta es más cruel, porque tendrá que acostumbrarse a mirarse en el espejo sin la luz divina que siempre lo acompañó. En los hechos, su poder se acabó, su fuerza todopoderosa ya no existe, su influencia en la vida política de Guerrero que creyó invencible se desvaneció y su destino será cuando mucho el de un político traicionero que se negó a bajarse de su falso pedestal.

A su favor, con todo lo peor que le espera, es que el sistema que lo creó es muy generoso, y no lo dejará en la miseria. Seguramente le mantendrán en secreto sus cuentas que tiene en paraisos fiscales y es probable que para lección de otros sea llevado a juicio en medio de espectaculares despliegues de firmeza gubernamental, pero la riqueza malhabida que acumuló, ésa, seguirá siendo suya.

Lo destacado de este capítulo es que al presidente Enrique Peña dejó de lado sólo el enfado que le produjo su gran amigo y pasó a una acción largamente reclamada por toda la sociedad.

Es satisfactorio ver que el jefe del Ejecutivo está sacando las agallas que trae guardadas y eso alienta.

Alentaría más si en esa línea de firmeza le pone un alto al seudodirigente petrolero Carlos Romero Deschamps.

Fuente: huellas.mx/

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